Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iria,
cerca del encino, donde un gran número de personas estaban rezando el Rosario,
vimos un flash de luz una vez más, y un momento después Nuestra Señora se apareció
en el encino.
"Lucía", dijo Jacinta, "habla.
La Señora te está hablando"
"¿Si? Dijo Lucía.
Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con todos sus gestos, y
le dijo a la Señora "¿Qué quieres de mi?
Quiero
que vengan aquí el día trece del mes que viene. Continúen diciendo el Rosario
todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del
mundo y el final de la guerra, porque sólo ella puede obtenerlo.
"Sí,
Sí"
" Yo quisiera preguntarle quien es usted, y si
puede hacer un milagro para que todo el mundo sepa a ciencia cierta
que se ha aparecido"
Deben venir aquí todos
los meses, y en octubre yo te diré quien soy y lo que quiero.
Después haré un milagro para que todos crean.
Por
tanto segura de lo que hacía, Lucia comenzó a poner ante la Señora las peticiones
que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría
a algunos, pero que a otros ella no curaría.
"¿Y
el hijo paralítico de Maria da Capelinha?"
No, no será curado
ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de
decir el Rosario junto a su familia todos los días.
Otro
caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia
quien pidió que se la llevaran al cielo.
Dile
que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien cuando yo vendré a buscarla.
Hagan sacrificios
por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan
un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión
de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra
el Inmaculado Corazón de María.
Mientras
Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había
hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra,
y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios
y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o
color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las
llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por
todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos
y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar
de miedo. (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la
gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora
y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones
en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora,
quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:
Ustedes
han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos
que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si
ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta
guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más
terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando ustedes vean una noche
que es iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió en Enero 28,
1938) sabrán que esta es la señal que Dios les dará que indicará que está apunto
de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y por la persecución de la Iglesia
y del Papa.
Para prevenir
esto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi
Inmaculado Corazón, y pido que los primero Sábados de cada mes
se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo.
Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si
no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo
nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia los justos serán martirizados
y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, ciertas naciones serán
aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El
Santo Padre consagrará a Rusia a Mi, y esta será convertida y
el mundo disfrutará de un período de paz. En Portugal al fe siempre
será preservada…(Aquí viene la parte del secreto que aún
no ha sido revelado). Recuerden no deben decirle esto a nadie
más que a Francisco.
Cuando ustedes
recen el Rosario, digan después de cada misterio: O mi buen Jesús,
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, especialmente
a las más necesitadas de tu divina Misericordia.
"
¿Hay algo más que quieras de mi?"
No, no quiero más nada
de ti hoy.
Luego,
al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que
finalmente desapareció en la inmensa oscuridad del firmamento.