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IV Domingo Ordinario ciclo  B
29 de enero de 2012
Dt 18, 15-20 / Sal 94 / 1Cor 7, 32-35 / Mc 1, 21-28.

 

¡Hermanos, muy queridos por Dios, paz!
Y decía el Rey de Francia a Santa Juana de Arco: ¿Por qué las voces del cielo te llegan a ti, que eres una ignorante campesina, y no a mí que soy el Rey? A lo que ella contestó: “Las voces del cielo te llegan a ti, igual que a todos, pero es que  no haces silencio para escucharlas ni dedicas tiempo para meditarlas, por eso no te llegan a tu alma”. Dice la primera lectura: “Suscitaré un profeta, pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que yo le mande. A quien no escuche su palabra yo le pediré cuentas”.

No nos pase a nosotros que escuchamos al enviado de Dios, que no es otro sino Jesucristo, y su palabra pase de largo sin efecto en nosotros, por no dedicar tiempo, silencio y reflexión para meditar lo que nos dice.

El Apóstol no menosprecia el matrimonio o los hijos nacidos en él; pero dice que un célibe tiene más libertad para entregarse al Señor en el apostolado, en la entrega de por vida a la evangelización. No llega S. Pablo diciendo a los corintios lo que decía Epícteto, sabio griego, que despreciaba la familia al comentar con sus amigos, que él “hacía más bien de soltero instruyendo multitudes que casado y ocupándose de la crianza de cuatro chiquillos”.

Permanecer virgen produce en la persona una libertad espiritual, mucho mayor que la que tendría una persona unida a otra en matrimonio. El renunciar a las amistades sensuales o más aún, sensibles, produce paz y da una eficacia inmensa para las labores espirituales y filantrópicas.

Catalina de Siena, después de sufrir espantosas tentaciones de impureza, obtuvo una tan gran pureza de intención y un tal dominio sobre sus tendencias sexuales, que en adelante logra tratar con toda clase de personajes: Senadores, Militares, Obispos, Obreros, Campesinos, Diplomáticos, Comerciantes, y aún con el mismo Sumo Pontífice, ejerciendo sobre ellos una verdadera maternidad espiritual, y eso que era una muchacha de menos de 30 años. Cuando logró dominar, por amor de Dios, sus tendencias desordenadas, logró influir de una manera extraordinaria y única sobre numerosísimas personas importantes de su tiempo.

Nadie más libre de preocupaciones que la persona célibe si practica su celibato con generosidad y alegría. Si alguien es célibe a fuerza o para librarse de las cargas de una familia no es soltero sino solterón, y así se reproduce la misma caricatura que existe entre dos realidades muy diferentes; como entre un santo y un santurrón; el santo es auténtico, el santurrón es ficticio. A lo que va el apóstol es a recalcar que el que permanece célibe puede servir mejor al Señor, pero sin desdeñar el matrimonio porque también en él se santifican los esposos y se glorifica a Dios.

El Ev. de hoy nos presenta un encuentro –uno de tantos- del Señor con el demonio. Hablar hoy, en el siglo XXI, del demonio, parecería ignorancia o mal gusto, pero la doctrina de la Escritura es clara. Es un ser real, espiritual e invisible, creado bueno por Dios pero por su pecado se apartó del bien convirtiéndose en un ser malo en su esencia. Es señor del pecado, la discordia, el odio, la desgracia, la perversión y la muerte. Es la serpiente astuta y envidiosa (Sab. 2, 24) el enemigo que siembra la cizaña, (Mt. 13,28ss) el mentiroso y padre de la mentira. (S. Jn. 8,44) Sabemos por S. Pedro que advierte en su primera carta: “Sean sobrios y vigilantes, su enemigo el diablo anda girando alrededor de cada uno de ustedes como león rugiente, buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fe”.

No es que pueda tanto; es como un perro atado con cadena que, aunque ladre mucho, si nos retiramos de él, nunca podrá mordernos. Tan espíritu es él como el ángel propio de cada uno de nosotros, sólo que el demonio quiere arruinarnos y el ángel custodiarnos; sí los demonios se hicieran visibles – decía S. Pío- se podría oscurecer el día; y si nosotros viéramos los ángeles podría iluminarse la noche. Santiago nos dice que resistamos al diablo y huirá de nosotros; y S. Pablo, escribiendo a los Efesios los exhorta invitándolos a revestirse de la armadura, (coraza, vestidura de la gracia) de Dios, para poder contrarrestar las acechanzas del diablo. (6, 11-12).

Los medios más eficaces para mantener fuerte el alma, sin dejar ninguna rendija por la que pueda entrar el enemigo, son varios: y en primer lugar la humildad; y así como el principio de todos los males es la soberbia, el principio de todos los bienes la humildad; pero además la Oración bien hecha, la mortificación de los sentidos con la huída de las ocasiones; la frecuencia de la Confesión y la Comunión, la devoción a la Santísima Virgen, una devoción que se traduzca en imitación, ella la toda limpia, la que revestida de gracia vence el mal, ayudará a sus hijos a nunca separarse de Jesús. Sólo Él puede realizar el milagro de la perseverancia; sólo Él descubre los engaños del enemigo; sólo Él manda con autoridad; Él nos enseña a no dialogar con el enemigo, a tampoco tener miedo jamás porque Él vive en todo aquel que se mantiene en gracia.

Jesús, vencedor del mal; Jesús ancla de salvación, sujétanos fuertemente. Amén.

Mons. Juan José Hinojosa Vela


ORACION UNIVERSAL DE LOS FIELES


Invoquemos, hermanos, con corazón unánime y plegaria ferviente, a Dios Padre, fuente y origen de todo bien: 

Lector: Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo…
Todos:
Te rogamos, Señor. 

Lector: Por nuestra ciudad de Monterrey y nuestro Estado, por su prosperidad y por todos sus habitantes…
Todos:
Te rogamos, Señor.

Lector: Para que Nuestro Señor recompense al Sr. Arz. D. Francisco Robles Ortega por su labor entre nosotros y lo acompañe en su nuevo Ministerio en Guadalajara...
Todos:
Te rogamos, Señor.

Lector: Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros; por los pobres y todos los que sufren…
Todos:
Te rogamos, Señor.

Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en su reino de luz y felicidad…
Todos:
Te rogamos, Señor.

Dios nuestro, que en Cristo, tu Hijo, nos has dado el único maestro de sabiduría y el verdadero libertador de las fuerzas del mal, escucha nuestras oraciones y haz que seamos fuertes en la confesión de la fe, para que proclamemos siempre, de palabra y de obra, tu verdad y demos testimonio de cómo son felices cuantos en ti ponen su esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos:
Amén


ORACION POR LA PAZ

Señor Jesús, Tú eres nuestra paz,
mira nuestra Patria dañada por la violencia
y dispersa por el miedo y la inseguridad.
Consuela el dolor de quienes sufren.
Da acierto a las decisiones de quienes
nos gobiernan.
Toca el corazón de quienes olvidan
que somos hermanos
y provocan sufrimiento y muerte.
Dales el don de la conversión.
  Protege a las familias, a nuestros niños,
adolescentes y jóvenes,
a nuestros pueblos y comunidades.
Que como discípulos misioneros tuyos,
ciudadanos responsables,
sepamos ser promotores de justicia
 y de paz,
Para que en Ti, nuestro pueblo
tenga vida digna.
AMÉN.
María, Reina de la paz, ruega por nosotros.