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Nuestra historia comienza en el año de 1181, las vísperas del siglo XIII, la época del máximo esplendor del estilo gótico que construyó las catedrales de Colonia, Amiens y Burgos, la época en que florecerían las universidades, el comercio, las órdenes de caballería y en ámbito de religioso nacerían las órdenes mendicantes, las ciudades y los gremios. Es precisamente en una ciudad y en el ambiente del gremio de los mercaderes donde comienza nuestra leyenda.
Asís es una ciudad situada en el extremo norte del fértil valle de Espoleto, dentro de la región italiana de Umbría. La historia de ésta ciudad se remonta al tiempo de los etruscos y los romanos. Enclavada sobre una gran colina, estribación del monte Subasio, que domina el valle esta comuna, nombre que se les daba a las ciudades italianas que eran independientes de un señor feudal. Estaba enfrentada en aquel tiempo con su vecina Perusa. El origen de este conflicto lo encontramos en dos facciones en pugna: los güelfos y los gibelinos, los primeros partidarios del pontificado, y en oposición de los privilegios nobiliarios, de lo que concluimos que era apoyado por los miembros de la burguesía; y los segundos partidarios del emperador en turno del Sacro Imperio Romano Germánico, defensores de los derechos feudales y adversarios del poderío papal. Este último partido estaba formado en su mayoría por familias nobles. En esta época Asís fue al principio jurisdicción Imperial, pero a partir del año de 1190 pasó a la jurisdicción papal, pero sólo por poco tiempo ya que al principio del siglo XIII cayó bajo el gobierno de Perusa.
En este inestable clima político de guerras intermitentes entre nobles y burgueses. Se desarrolla la vida y obra de San Francisco de Asís. Cuenta un antiguo testimonio que el 26 de septiembre de 1181 nace en Asís el más destacado de sus hijos, el hombre que influiría como pocos en la historia del mundo y de la Iglesia: Francisco.
Hijo de Pietro —Pedro en español— Bernardone dei Moriconi y de Madonna Pica Bourlemont. Es poco lo que sabemos de ellos antes del nacimiento su hijo mayor (sabemos de la existencia de un hermano cinco años menor de nombre Angelo), solo que Don Pedro era un notable miembro del gremio de mercaderes de telas de la ciudad, y por lo tanto miembro de la burguesía de Asís, que había hecho fortuna sobre todo en Francia donde conoció a su esposa nacida en Provenza.
Aquel día Pedro Bernardone se encontraba ausente de Asís por uno de sus viajes de negocios en Francia. Cuenta una leyenda que Madonna Pica padecía los dolores de parto desde temprana hora, pero ya empezaba a caer la tarde y los dolores habían cesado, se había interrumpido el parto, y la joven Madonna Pica se sentía cada vez más débil. Inesperadamente llamó a la puerta de la casa un peregrino ciego, se podría pensar que iba a pedir limosna, pero no pidió nada, solo dijo: “Decid a la dueña de esta casa que su hijo tiene que nacer en un establo porque este es el deseo de nuestro Señor”. Los criados sorprendidos por el oráculo que acababan de escuchar, y preocupados por la vida de la mujer y su hijo llevaron entonces a la dama al establo que dio a luz enseguida. Ese mismo día su madre le dio a su único hijo el nombre Juan (Giovanni). Con respecto a este día un documento del s. XIII nos refiere que llegó otro peregrino a pedir limosna a la puerta de la casa. El peregrino dijo a la criada que le dio la limosna: “Yo quisiera ver al niño que ha nacido hoy y le ruego que lo traiga para verlo” La criada se excusó; pero el insistió diciendo que, si no, no se marcharía. Ella enfadada lo echó fuera y se metió en casa. La señora Pica, considerando el suceso, quedó admirada y mandó a la criada que mostrara el niño al peregrino. Así lo hizo y como Simeón en otro tiempo hizo con el niño Jesús, ahora el peregrino, tomando con alegría y devoción al pequeño Francisco, Dijo: “En esta calle han nacido hoy dos niños. El primero será de los mejores del mundo y el otro de los peores”.
El origen del nombre Francisco tiene varias explicaciones. Se dice por un lado que su padre al regresar de Francia y teniendo gran afecto por ese país al que le debía gran parte de sus éxitos comerciales, le dio el apodo de Francisco, que significa “el francés”, o “el franco”. Sus amigos de juventud por su parte le llamaban “Francesco” que significa “francesillo” por su afición a la lengua francesa y los cantos de los trovadores. Otros cuentan que su padre le dio este apodo por su madre que, como ya se dijo, era natural de Provenza, Francia. De cualquier modo el cariñoso apelativo de Francisco le acompañaría a lo largo de toda su vida.
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